La riqueza de la arquitectura portuguesa
La llegada de los portugueses en el año 1500 a Brasil trajo, además del descubrimiento de nuestras tierras, la mezcla de los estilos arquitectónicos que existían en Portugal en aquella época, adaptados a los materiales disponibles aquí. Las obras religiosas, en su mayoría, son las que adquieren mayor protagonismo; aunque tal vez sin muchos elementos decorativos en la parte externa, contaban con una gran riqueza en su interior.
Pero antes de hablar de su sello característico, detengámonos en los detalles de la ornamentación en sus puertas y ventanas que, en aquel tiempo, tenían mucho que ver con el poder de cada familia. Las primeras construcciones reemplazaron con madera los espacios donde, en Portugal, era posible encontrar piedra. La evolución también se notó con el paso de los años, junto al reemplazo de los materiales por elementos más modernos. En cuanto al diseño, desde las primeras aberturas simples hasta los arcos, tallas y ornamentos en relieve alrededor de las carpinterías, o incluso la inspiración colonial, que durante siglos contó con el “óculo”, una pequeña abertura redonda situada generalmente en un punto más alto que una ventana común y que muchas veces ni siquiera se abría, siendo usada solo como vitral, el estilo siempre llamó la atención.
La arquitectura portuguesa es una mezcla de numerosos estilos, del gótico al barroco. Sin embargo, hay un elemento típico inconfundible en todo el mundo: los azulejos portugueses. Esta pieza es uno de los principales símbolos de la cultura lusa, y puede encontrarse en edificios, iglesias y casas, ya sea en sus revestimientos o en detalles decorativos. El azulejo llegó a Portugal en 1498, a través de D. Manuel, quien en una visita a España quedó encantado con su belleza e importó el material a su residencia. Con la llegada del azulejo al país, sus características arquitectónicas y artísticas se incorporaron a la pieza mediante la técnica de la “mayólica”, originaria de Italia, que consiste en la pintura directa sobre el azulejo. Interesante, ¿verdad?
El estilo portugués de proyectar y decorar va mucho más allá de la belleza: transcribe su historia en pequeños detalles.




